Tarta de Santiago

Esta entrada la escribo en español, porqué aunque existen traductores, no podría dirigirme a vosotros, Carmen, Mario y Alberto, de ninguna otra manera.

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Queriendo alargar las vivencias que me ha dejado este último mes, y aferrándome un poco más a los recuerdos que resisten a desvanecerse, esta tarde he hecho una tarta de Santiago.

Aunque no podamos disfrutarla juntos (menos mal, porqué Alberto nos dejaría sin…) me acuerdo muchísimo de vosotros.

Me parece mentira que se pueda echar tanto de menos a unas personas a las que conozco de hace tan poco tiempo, ¡pero es así!
Y es que se me hace raro no levantarnos juntos y prepararnos para salir a andar cuando aún falta un rato para que amanezca, se me ocurren cosas que comentar con vosotros y me faltan las risas que nos echábamos todos juntos. No recuerdo un día que no riéramos a carcajadas. Yo que quería ir sola… y me encontré con vosotros, que me hicisteis sentir tan bien en todo momento. Ya no pude irme…

Mientas escribo esto, Alberto me desconcentra por whatsapp. No sé que habría hecho de no saber que aunque me iba, podría seguir en contacto con todos vosotros.

Supongo que sería fácil decir que me quedo con nuestra llegada a la plaza de Obradoiro, después de haber andado casi 800 km (algunos algo más), pero creo que cuando pienso en vosotros, los dos momentos que recuerdo con más cariño, aunque sea difícil elegir, son la tarde que pasamos charlando en la habitación de Villafranca del Bierzo, donde aún no puedo creerme que no durmiera en el mejor colchón de todos los que tuvimos, y también el día de Portomarín, en la habitación de minusválidos, que no había quien durmiese con tanto cachondeo. Si es que parecíamos familia de verdad…

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Así que nada, a la espera de encontrar algún día para reencontrarnos y revivir los mejores momentos, aquí os dejo la receta de esta tarta de Santiago, que mal está decirlo pero no tiene mucho que envidiar a la de Arzúa (¿¿Arzúa era, donde el diluvio universal?? ¡Qué lío de pueblos!)

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